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Muchas personas son reticentes a hacer testamento, muchas veces porque no ven motivos para hacerlo, porque piensan que ya lo pensaran en un futuro o simplemente porque no saben lo conveniente que es.
Desde aquí, queremos aclarar algunos puntos que quizás les puedan ayudar a tomar la decisión. Hacer testamento es un acto sencillo, económico y puede evitar muchos problemas. Además, se puede cambiar tantas veces como se quiera, por lo que lo que decidimos hoy, lo podremos cambiar en un futuro si nuestra situación ha cambiado.
Las circunstancias familiares hoy en día son muy variadas y cada vez más complejas, por lo que es conveniente dejar bien regulada nuestra última voluntad ante el notario de nuestra confianza.
En el testamento, el testador (que es quien lo firma), deja escrita su voluntad de a quien nombra heredero o herederos, los que heredarían todo el patrimonio del difunto a partes iguales, si no se establece lo contrario. Pero también es posible dejar bienes concretos a personas concretas, que es los que se llama legado. Si el testador dispone de diversos bienes, y tiene diversos hijos, una buena solución es establecer un legado para cada uno, donde se les adjudiquen bienes concretos de manera que no tengan que compartir la propiedad con otras personas, que siempre puede ser fuente de conflictos. También se pueden hacer legados de saldos bancarios, por ejemplo, para el cónyuge superviviente y nombrar herederos del resto de los bienes a los hijos. De hecho, puede haber múltiples opciones adaptadas a cada caso concreto, y claro está, la manera de cómo distribuir los bienes también afectará a la fiscalidad de sucesión, la cual cosa no es un tema menor.
También es recomendable hacer testamento en los casos de parejas de hecho, y, cómo no, en casos de personas separadas o divorciadas, en los que podemos establecer quién queremos que administre los bienes que dejaremos a nuestro hijo en caso de que nos pase alguna cosa. Así mismo, es posible establecer en el testamento, para familias en general, quién queremos que sea el tutor de nuestros hijos menores si los dos progenitores mueren. Ciertamente, son temas que todos esperamos no tener que pensar, pero tener bien regulado todo esto cuando se da una situación tan desagradable, puede ahorrar muchos dolores de cabeza. El testamento otorgado se inscribe en el Registro de Actos de la Última Voluntad, donde se registran todos los testamentos que ha hecho una persona a lo largo de su vida. Cuando se produce la defunción, es necesario pedir el certificado de actos de última voluntad y solicitar copia del testamento a la notaría donde se otorgó.
¿Y qué pasa si no hago testamento y muero? La ley ha regulado esta situación, estableciendo una lista de personas llamadas a la herencia, por orden de preferencia según el grado de parentesco. En este caso, será necesario hacer la declaración de herederos, hecho que implica ir al notario y hacer el acta de declaración de herederos, donde se deberá aportar el certificado de defunción, últimas voluntades y aportar los certificados de nacimiento o matrimonio acreditativos del vínculo familiar, junto con dos testigos.
Por último, queremos hacer mención que, aparte del testamento, que tiene por objeto regular nuestra herencia, también existen otros documentos que nos pueden ayudar a regular situaciones cuando no podemos expresar nuestra voluntad. Así, está el testamento vital, en el que una persona puede establecer las instrucciones relativas a los tratamientos médicos a los que quiere o no someterse, cuando las circunstancias no le permiten expresar su voluntad (por ejemplo, que no se le apliquen tratamientos para alargar innecesariamente la vida ante una situación irreversible), también puede hacer donación de órganos o regular como debe ser el entierro. Este testamento vital se inscribirá en el Registro de voluntades anticipadas de la Consejería de Sanidad de la Generalitat de Cataluña. Por último, el código civil catalán, también permite regular quién queremos que sea nuestro tutor en caso de que seamos declarados incapaces; la denominada autotutela. Estas otras opciones, testamento vital y autotutela, se otorgan en escrituras separadas e independientes del testamento, pudiéndose modificar o revocar siempre que queramos.
En resumen, es del todo recomendable dejar escrita nuestra última voluntad en un testamento hecho ante notario, con el objeto de evitar problemas a nuestros familiares en un momento tan delicado como es la defunción de una persona querida.

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Natàlia Salleras
nsalleras@tax.es
Abogada

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